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La revista Woman publica un reportaje sobre Amigos de Tara E-Mail
20/jul/09
En su número de Junio,  la Revista Woman, del Grupo Zeta, publicó en sus ediciones online y offline un reportaje sobre nuestra asociación. Desde aquí queremos agradecerles el trabajo realizado y la ayuda prestada en la divulgacion de nuestro proyecto. Os dejamos un extracto,  pero si quereis leerlo completo podeis hacerlo desde este vínculo .
 

El colegio de la Alegria

Texto: Elisa Reche / Fotos: Jaime León Ros
Revista Woman, Junio de 2009
 
El colegio de la Alegria
Calcuta es una ciudad caótica y calurosa, con un tráfico infernal y edificios que se desmoronan. Las calles rebosan de personas que habitan en ellas, improvisando una suerte de cocinas y camas sobre las aceras. Pero al cruzar el puente de Howrah sobre el río Hooghly la urbe se empobrece todavía más. Entramos en la Ciudad de la Alegría, el barrio de mendigos y leprosos que dio a conocer Dominique Lapierre con el libro homónimo. La barriada de Pilkhana ha sustituido las chabolas por edificios de ladrillo, pero la miseria continúa teniendo una presencia dominante.

La calle Fakir Bagan, como el resto del arrabal, se despierta temprano. Los porteadores tiran descalzos de sus rickshaws, las mujeres llavan la ropa mano en las puertas de sus casas de una sola habitación para toda la familia y los perros revuelven entre la basura y las alcantarillas al aire libre. Pero también algunos niños repeinados y sonrientes se dirigen con su impecable uniforme rojo al colegio. A Tara School. Cuando Natalia Pallás, cabeza y corazón de este proyecto educativo, llegó a Calcuta, jamás se hubiera imaginado que fundaría una ONG, Amigos de Tara –diosa budista y «la finca de ‘Lo que el viento se llevó’»– y este colegio. La que fuera presentadora del programa de televisión para niños ‘Club Disney’ decidió, con 29 años, que necesitaba tomarse un tiempo para escuchar su sentido de responsabilidad social, su otra vocación además de la de actriz. «Ese tiempo se ha convertido en nada menos que cinco años», afirma Natalia.

Una cosa llevó a la otra. Era voluntaria en un colegio dirigido por las Hermanas de la Caridad y cerraron la escuela del barrio. Los niños se quedaron en la calle, pues ninguna familia de Pilkhana podía pagar los libros y las tasas de los colegios públicos. Natalia supo que el siguiente paso era abrir un nuevo colegio. Se encontró con la trabajadora social india Alice John y juntas hicieron posible lo imposible. Natalia se ha enfrentado a la burocracia india, a las lluvias monzónicas que inundan la escuela todos los años y, sobre todo, a ser testigo de mucho sufrimiento. «Al principio, no podía parar de llorar.» Con una determinación a prueba de bomba, sus propios ahorros y la paciencia que le otorgan sus creencias budistas, Natalia siguió adelante. «La educación determinará muchísimo el futuro de estos niños», afirma la joven, con sus grandes ojos oscuros y una dulzura que no logra esconder la firmeza de su carácter.

 

 
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